Espartero
en el poder
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| Espartero, por A. M. Esquivel |
Tras la
renuncia de María Cristina, Espartero fue nombrado regente. El general era
considerado del partido progresista. Pero Espartero gobernó de forma
autoritaria y cuando no consiguió apoyo entre los progresistas no dudó en
buscar el apoyo de moderados para aprobar leyes, dado que nunca tuvo mayoría en
el Congreso.
Espartero
exigió ser regente único y lo consiguió en mayo de 1841, con el apoyo de sus
compañeros de armas y de los moderados. En su gobierno siempre primó la
fidelidad personal para pertenecer al mismo que el ser un destacado miembro del
progresismo.
La
labor del gobierno se centró en la venta de los bienes del clero secular,
frenada en 1840 y ahora relanzada con la llamada “ley de Espartero” de
septiembre de 1841. Las relaciones con la Santa Sede pasaron por un momento de
extrema dificultad.
El
gobierno apostó por una política económica librecambista, siguiendo las ideas
de Mendizábal. Esta política, defendida por la embajada británica, provocó que
la oposición acusara a Espartero de “haberse vendido a los ingleses”. O’Donnell
protagonizó, con otros moderados, un levantamiento pero fracasó.
La
crisis de la regencia
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| Revuelta de Barcelona en 1842 |
En el
verano de 1842, comenzó a fraguarse la crisis de la regencia de Espartero. El
regente tenía un reducido apoyo parlamentario, y basaba su gobierno en su gran
influencia en el ejército y en su popularidad entre las clases medias y bajas
urbanas, canalizada a través de la Milicia Nacional. En ese verano su
popularidad comenzó a decrecer, sobre todo a partir de los sucesos de
Barcelona. El librecambismo era una amenaza para las fábricas textiles porque
los tejidos británicos eran más baratos y de mayor calidad. El anuncio del
tratado comercial con Gran Bretaña y una recluta de soldados derivaron en
tumultos callejeros. Espartero se implicó personalmente en la represión del
motín y ordenó el bombardeo de la ciudad en diciembre, provocando que 400
edificios fueran destruidos y centenares de muertos.
Desde
principios de 1843, progresistas disidentes, moderados y diputados catalanes
aumentaron las críticas hacia el gobierno de Espartero. Tras perder las
elecciones de abril, Espartero se empeñó en nombrar gobiernos fieles. La
inestabilidad política culmina con la disolución de las Cortes y la rebelión se
extendió por toda Europa. Progresistas y moderados, con el apoyo de Narváez, se
enfrentaron al ejército de Espartero en Torrejón de Ardoz en julio. Espartero
renunció a la regencia y marchó al exilio londinense. Ante esta situación se
decidió adelantar la mayoría de edad a la reina, de tan solo 13 años.
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Fotografías:


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